M va al teatro

El teatro ha sido un momento agradable, aunque por momentos me he desconectado terriblemente, he dejado de ver la obra y he estado observando todas y cada una de las cabezas que estaban delante mío. Al mismo tiempo, he tratado de ver mis manos y sorprenderme por la noción de la distancia, el hecho de que estas no alcancen a tocar más allá de lo que mis brazos les permiten. Por momentos he vuelto y podido disfrutar de la obra.
Me gusta mucho el teatro, esa ha sido mi conclusión y en algún momento me gustaría escribir una obra a mí. Lo que no me gusta del teatro es la gente que va a él, me parece gente pituca que se cree superior al resto con sus sacos costosos y esa moda de intelectual “yo no formo parte del tercer mundo” que es casi una ley en el lugar. Las chicas son casi todas gringuitas y tienen esa actitud de “yo soy diferente, soy artista”. Es tan difundida esa postura y esa moda que al verlas siento una gran irritación.
En el teatro había una chica de mi colegio, una gringuita que me molestaba un montón. Una de esas chicas de apellido extranjero que suelen tener alta popularidad en los colegios de clase media en los que la mayor parte del salón son producto peruano. Lo último que supe de ella fue que dejo de estudiar derecho para estudiar artes escénicas. A mí me gusta el teatro, pero no me gusta la gente de artes escénicas, sobre todo la de mi universidad, me parece gente a la que le gusta llamar la atención de cualquier manera solo porque se sienten actores libres de este cruel mundo capitalista. No todos son así, tengo una amiga que si es una buena actriz, la admiro porque es muy trabajadora, y cuando estudiaba era sumamente responsable. Ella no es la artista bohemia que piensa que para ser algo en el medio tiene que meterse mil porros cada fin de semana y tirarse a un profesor, o un director.
Algo que me molesta mucho del teatro peruano es el fuerte sesgo racial que hay en los actores, es tan exagerado que ya ni sé qué realidad representan, todos blancos de cabellos castaños, los veo y me siento un ente extraño, un extranjero en mi propio país. No sé si eso cambiará algún día, porque la gente de rasgos parecidos a los míos no suele gustar de este tipo de actividades, somos pocos los cholos que vamos al teatro, son más las señoras pitucas de cabellos teñidos de rubio. Me gustaría que ser cholo fuese un fenómeno más normal en las salas de teatro y que no hubiese ese ambiente de élite que puede ser tan desesperante. Es por los precios, lo sé. Y también es porque sigue habiendo una clara élite con ciertos rasgos definidos que puede pagar esos precios. A pesar de esto, no dejo de añorar el día en el que haya más mixtura en las salas de teatro, tanto en el escenario como en las butacas. Por el momento es difícil, la gente de mi raza suele ser muy maleducada y no sabe respetar las normas de convivencia más simples. Lo más probable es que contestarían el celular en media función y que dejarían tirado en el suelo envolturas de sus snacks favoritos.
Espero algún día poder escribir una obra yo, una obra que refleje lo que estoy viendo y sintiendo en estos momentos, una obra en la que la gente blanca se vea reflejada en su patetismo y sepan lo que se siente querer ser culto cuando todos te miran de pies a cabeza cuando tratas de frecuentar lugares donde se supone que se imparte cultura.



















